El placer y el dolor como llave para tomar las riendas de tu vida

15 septiembre, 2022
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Es un hecho que nuestra naturaleza y nuestro cerebro están completamente orientados a evitar el «dolor» y a buscar el «placer». Y también es un hecho que, la mayoría de las veces, todos esos mecanismos mentales perpetuados en el tiempo, determinan nuestras acciones en el día a día sin que tan siquiera nos demos cuenta.

Automatizar es muy útil en el día a día, ya que con muy poco gasto energético podemos hacer vida normal resolviendo situaciones que, de tener que pensarlas en profundidad, sería agotador. Sin embargo, esos mismos automatismos pueden jugarnos en contra si no somos conscientes de ellos.

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¿Qué entendemos por dolor y placer?

Dolor: además de lo obvio (físico y mental), lo interpretamos como todo aquello que nos incomoda, nos da miedo o requiere un esfuerzo extra. Es decir, aquello que está fuera de nuestra zona de confort. En esta categoría entrarían enfrentar un miedo, aprender algo nuevo, o ejercitar un músculo para que sea más fuerte.

Placer: englobamos aquí todo aquello que nos genera una sensación de satisfacción o placentera, por sutil que sea. Aparte de lo obvio, asociado al plano físico o sensorial, englobamos aquí el comer algo rico, recibir el reconocimiento social ante algún logro, que los demás sientan compasión por nosotros, e incluso recibir un like en una publicación.

 

Una vez hecha esta división, es importante que reflexionemos  de modo íntimo y personal qué emociones gobiernan nuestra vida, y cuáles son sus desencadenantes. El mejor método para profundizar en esto es poner atención, para poder potenciar o neutralizar esos detonantes. ¿Te imaginas cómo sería poder llegar a ser el «piloto» de tu propio cerebro pudiendo pulsar los botones que te lleven en la dirección emocional que deseas?

Es importante saber que el proceso mental sigue la siguiente secuencia: Pensamientos > Emociones > Acciones > Resultados

Con práctica y entrenamiento, es posible activar o desactivar ciertas reacciones con solamente pensarlas. Dado que nuestros pensamientos son los que desencadenan ciertas emociones (electroquímica), y nuestras emociones influyen en nuestras decisiones, siendo consciente del origen de ellas podremos relativizarlas (es decir, ponerlas en perspectiva para que no vayamos a buscar el placer o evitar el dolor de forma automática), y así tomar decisiones más racionales y convenientes.

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