Un toque de humor para terminar la semana con optimismo

15 noviembre, 2013

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Como cada viernes te dejamos una nueva entrada en nuestro Blog, y  por faltar pocas horas para que sea fin de semana, hemos decidido que nuestro tema de hoy tenga un toque de humor: tecnologías, vinos…si tienes curiosidad… ¡tendrás que leerte el Post!

«Pues sí, sí… ayer estuve en un a fiesta en un restaurante del extrarradio de Madrid, de esos llenos de lo que llaman pijos (¡que risa Tía Felisa!), y como había una banda; como soy hijo de madre americana y por tanto no tengo sentido del ridículo, y como el maldito cariñena ya se había apoderado de mi, salí al escenario y me puse a cantar. Primero en bajito, luego un poco más alto y al final me deje llevar y dejé que mis brazos y piernas hicieran esos movimientos espasmódicos desacompasados que yo llamo baile.

Que peligro!!! Debajo de mi había unas 60 personas, todas amigas, o amigas de amigas, y de ellas, unas 15 sacaron los móviles y se pusieron a grabar mi brillante (patética) actuación. Sí, ya sé que lo hacen con buena voluntad, para hacerme el favor de pasármelo luego para que yo lo tenga y ellos borrarlo, pero… ¿y si lo usan en mi contra?, y si pasados los años se lo enseñan a mi jefe o al jefe del departamento de recursos humanos (capital humano se dice ahora) de la empresa en la que estoy buscando trabajo?, ¿y si me resbalo, caigo en posición deshonrosa y lo cuelgan en Youtube al día siguiente para risa general (la vuestra) y escarnio individual (el mío)?

Lo dicho, un peligro, claro que, “si no quieres que te graben, no salgas a cantar querido Sancho”, (el famoso “pa non tenelos non facelo” que decían los ginecólogos gallegos de la antigua usanza). Pero no es así. Quiero salir a cantar y que no me graben, quiero mantener mi ridículo en la intimidad y sobre todo, quiero poder negarlo sin que quede un documento gráfico que sea accesible a tutiplén por lo siglos de los siglos.

Pero esto es un riesgo que van a correr nuestros hijos y con el que tienen que aprender a convivir.

Y ahora, después de lo del sábado, ¿Cómo le digo yo a mis hijos que no hagan nada de lo que puedan arrepentirse porque pueden ser grabados; que no se hagan fotos o se dejen grabar videos y que tengan en cuenta que las nuevas tecnologías permiten que de un fallo de segundos tengas que dar explicaciones toda la eternidad?

Pues de la misma manera que les digo que tengan cuidado con el alcohol y luego les pido que me traigan una cerveza; les digo que no corran con el coche y me ven ir a 150 (o más) por la autopista; que no usen tanto el móvil y me ven mandando`wassup´ en plena cena familiar o interrumpiendo una conversación con ellos para coger una llamada, etc, etc y desgraciadamente, más etc.

Un desastre.

Y aquí sí que no vale el “es distinto”. Coño, es distinto porque lo hago yo, si les viera a ellos haciendo cualquiera de estas cosas les iba a colocar una charla que no terminaría hasta que les sangraran las orejas. Lo único que me consuela es que les he enseñado a rezar y me ven bendecir la mesa y rezar con su madre todos los días.

Pero hablábamos de los llamados nuevos pijos, de esos que salen a correr (hacer footing) completamente uniformados; que se saben la marca del coche de todos los de la urba ( -¿conoces a Ricardo, uno que vive en tu edificio?  -¿Quién? ¿Uno que tiene un Audi A3?); que el nombre de su perra (voy a sacar a pasear a la perra) es la suma de las primeras sílabas de los nombres de sus hijos, o que son expertos en vinos y maridajes.

Me descojono de los expertos en vino. El otro día hablé con unos enólogos (estos sí que saben) y me dijeron que en las catas ciegas se confunden hasta de continente, yo diría que este vino es de Chile, pues no, macho, es australiano. Y si estos se equivocan… ¿alguien cree que un bebedor de vino en las cenas de los sábados y que ha bebido toda la vida el mismo vino en casa de sus padres puede venir ahora de experto?.

Esta uva me tiene despistado.

-Pues claro que te tiene despistado jodé, si tú sabes de etiquetas, no de vinos, fantasma.

Son los que van a las tiendas de vinos a aprenderse bodegas, uvas y precios, saben qué vino pertenece a cada bodega y dónde está cada una de ellas, pero… al probarlo (“en boca” como dicen ellos), si no ven la etiqueta no aciertan ni el color del vino.

Hagan la prueba en la siguiente boda, esperen a que el vino blanco y el tinto estén a la misma temperatura, y hagan una cata ciega con el experto en vinos que les haya tocado en la mesa. Si quieren hacerlo más divertido, en la cata ciega denle a probar las dos veces el mismo vino tinto y pregúntele cuál es el tinto. Se pondrá muy contento cuando vea que ha acertado y muy triste cuando vea que los dos eran tintos (o blancos) y que no lo supo.

Hagan la prueba y ya me dirán.

Me quedo con dos frases: una la de mi amigo Lorenzo “dame un rioja de crianza de toda la vida, el que tengas abierto”; otra la de mi cuñado “en materia de vino soy más de cantidad que de calidad”. Le gusta tanto el vino que se hasta se ha aprendido la frase en inglés. Dos sabios.

Saludos cordiales.»

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