Qué buscan los jóvenes en el trabajo: salario, estabilidad y flexibilidad ganan peso

6 octubre, 2026

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Para las nuevas generaciones, elegir un empleo no consiste únicamente en encontrar una empresa en la que trabajar. El salario, la posibilidad de conciliar, el desarrollo profesional y las condiciones del puesto tienen cada vez más peso a la hora de decidir cuánto tiempo quedarse.

Durante mucho tiempo, construir una carrera profesional podía entenderse como una sucesión bastante previsible: conseguir un primer empleo, ganar experiencia y avanzar dentro de una empresa. Para una parte de los/as trabajadores/as jóvenes, ese modelo ya no parece suficiente. La relación con el trabajo está incorporando nuevas prioridades y las empresas se enfrentan a una generación menos dispuesta a mantener un puesto cuando las condiciones no encajan con sus expectativas.

Uno de los datos que mejor refleja esta movilidad procede de un estudio de Randstad sobre la Generación Z en España. Según la encuesta, el 41% de los jóvenes participantes afirma haber dejado voluntariamente un empleo antes de cumplir un año. El dato no significa que todos hayan cambiado de profesión ni que rechacen los empleos estables, pero sí muestra una mayor disposición a abandonar un puesto cuando las expectativas iniciales no se cumplen.

Entre los motivos señalados aparece el salario. Aproximadamente cuatro de cada diez jóvenes que dejaron un empleo antes de cumplir un año apuntaron a una remuneración demasiado baja como una de las razones. La flexibilidad también aparece entre los factores relevantes, junto con la percepción de que la empresa no encaja con los valores personales del trabajador/a.

La lectura interesante está precisamente en la combinación de estos elementos. El salario continúa siendo una pieza fundamental de cualquier decisión laboral, pero ya no funciona de manera aislada. El horario, la autonomía, las posibilidades de aprendizaje y la perspectiva de progresar dentro de la organización forman parte de la ecuación.

La flexibilidad, además, ha dejado de ser un concepto reservado a determinados perfiles profesionales. Para los/as trabajadores/as que han comenzado su trayectoria laboral en los últimos años, la posibilidad de organizar parte de la jornada, disponer de cierta autonomía horaria o compatibilizar el empleo con otras facetas de la vida puede influir en la decisión de permanecer en una empresa.

Eso obliga a cambiar también la conversación sobre la retención del talento. Si una persona abandona un puesto porque considera que el salario no corresponde con sus expectativas, aumentar la remuneración puede ser una respuesta. Pero si el problema está relacionado con la falta de desarrollo, un horario poco compatible con sus necesidades o unas condiciones diferentes de las prometidas durante el proceso de selección, la solución será distinta.

El estudio de Randstad ofrece otro dato significativo: el 35% de los jóvenes españoles encuestados asegura arrepentirse de haber elegido el sector en el que trabaja. Conviene interpretar esta cifra con cautela: no equivale a decir que más de un tercio quiera abandonar su profesión, pero sí revela que la elección del sector no siempre coincide con las expectativas que los/as trabajadores/as tenían al comenzar su carrera.

La consecuencia para las empresas es clara; captar talento joven no termina cuando una persona acepta una oferta. La experiencia posterior puede ser determinante para que ese/a trabajador/a decida continuar.

También cambia el papel de los/as candidatos/as. Antes de aceptar un puesto, conocer el salario es importante, pero también lo es preguntar por las posibilidades de promoción, la formación, el modelo de trabajo, los horarios, la flexibilidad y las funciones reales que tendrá el puesto.

La incorporación de estas nuevas prioridades no significa que los/as jóvenes hayan dejado de valorar la estabilidad. Al contrario: la estabilidad puede entenderse hoy de una manera más amplia. No se trata únicamente de permanecer muchos años en la misma empresa, sino también de contar con unas condiciones económicas previsibles, oportunidades para seguir desarrollándose y un empleo compatible con el resto de la vida.

El mercado laboral está cambiando y también lo hace la conversación entre empresas y trabajadores/as. Para las nuevas generaciones, la pregunta ya no es solamente “¿me han contratado?”, sino también “¿qué me ofrece este trabajo para que quiera quedarme?”.

Ese cambio puede obligar a las empresas a revisar qué entienden por fidelización. El salario sigue importando, pero atraer y conservar talento requiere cada vez más que la propuesta laboral completa responda a las expectativas de quienes se incorporan al mercado de trabajo.

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