Ayer ocurrió una nueva desgracia en nuestro país. Un nuevo accidente de tren, que ha costado la vida a muchas personas y hay muchos heridos/as, y no solo físicos, también psicológicos. Estos últimos con heridas, en la mayoría, incurables.
Me imagino que como hicimos y hacemos en Intalentia, todos estamos buscando noticias, sin parar, para ver lo del accidente de ayer. Y pensando tanto en los/as supervivientes, como en las víctimas, como en sus familias. Una desgracia impresionante, que difícilmente olvidaremos, así como tampoco hemos olvidado la que ocurrió hace menos de un año.
Desde Intalentia queremos dar TODO nuestro apoyo tanto a las víctimas como a sus familiares.
Ante una desgracia, hay que reconocer que los/as españoles/as nos unimos y somos muy solidarios/as, no solo ayer, ni hoy, ni mañana, esto es de siempre, lo debemos llevar en la sangre.
Ayer, como muchas otras personas, quisimos solidarizarnos con la desgracia ocurrida, y como desde la oficina no podíamos hacer nada, cerramos y nos fuimos todos/as a un Hospital para poder donar sangre, ya que nos saltó el aviso de que se necesitaba con urgencia.
¡Cuál fue nuestra sorpresa al llegar allí y encontrarnos con una enorme fila de personas esperando para donar sangre! La espera era de muchas horas, pero eso no parecía importar a nadie. Allí estábamos todos/as, unidos/as por un mismo motivo, compartiendo conversaciones, pensamientos y sentimientos, con el corazón puesto en las víctimas del accidente y en sus familiares.
Ante una muestra de solidaridad tan inmensa y emocionante, solo podemos decir GRACIAS, de corazón.
Gracias a todas esas personas voluntarias, muchas de ellas desconocidas, con las que compartimos horas de espera. Personas con las que, sin conocernos, nos unía algo mucho más grande que cualquier diferencia: las ganas de ayudar. Sin importar el tiempo que pasaba, el cansancio o las horas que llevábamos allí, todos compartíamos un mismo propósito: aportar nuestro granito de arena y hacer todo lo que estuviera en nuestras manos.
Gracias también a todos los profesionales sanitarios, por su entrega, su humanidad y esas sonrisas que nos regalaban incluso cuando el agotamiento se hacía evidente. Porque, a pesar del cansancio, seguían ahí, dando lo mejor de sí mismos.

