REGALAR NO ES DAR, ES DARSE

5 diciembre, 2014

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Hasta las narices de comprar regalos, de amigos invisibles, de pensar qué le puede gustar a alguien que no me interesa nada (pero me ha tocado de amigo invisible), recorrer tiendas en las que hay siempre lo mismo y comprar cosas con la certeza de que van a ser cambiadas.

Pero si es la leche, ya se compra pensando en que lo va a cambiar, se compra siempre con ticket regalo, si incluso hay tarjetas regalo, o sea que le das la pasta al regalado y así pasas de buscarle regalo. Mayor alarde de sinceridad (caretas fuera) no puede haber.

 

– ¿Que quieres de regalo?, dame un pista.

– Algo de El Corte Inglés (Don Isidoro D.E.P.).

 

Es como si dijese “Algo en cheque del Santander”  (Don Emilio D.E.P.)

 

O sea, pasta, no te esfuerces, me da igual lo que me regales porque lo voy a cambiar, que no te estrujes la cabeza porque solo aprecio el precio del  regalo y no el interés que hayas podido poner en buscarlo.

 

Pues no debería ser así, que coño. Los regalos no se deberían poder cambiar, te debe gustar el regalo por el cariño que tienes a la persona que te lo ha hecho, y deberías ponerte ese horrible jersey porque te lo ha regalado tu cuñada y se ha molestado en comprarlo, o lo que es peor, en hacerlo a ganchillo ella misma.

 

Debería ser cómo cuando tienes algo de alguien a quien querías mucho

 

– Jodé, que feo es ese jersey.

– Ya, pero es que era de mi abuelo y por eso me hace ilusión ponérmelo.

– Ah, entonces, que bonito.

 

Y si vas a comprar un regalo a alguien y no se te ocurre nada… entrega el dinero a una O.N.G.

 

– Mira, cuñado, me has tocado de amigo invisible, pero como no encontré nada que te pudiera hacer ilusión, lo dí a Cáritas

– Que bien, te lo agradezco, eso me hace sentir mucho mejor que los guantes sin protección en los dedos que me regalaste el año pasado.

 

Y eso, aunque el cuñado piense, “Espero que este cabrón me toque de amigo invisible el año que viene y así le diré que le había comprado un jersey pero vi a un indigente por la calle pasando frío y se lo dí”.

 

En serio, se ha desvirtuado el espíritu de la Navidad, incluso en las familias más cristianas (recordemos que la Navidad conmemora el nacimiento del hijo de Dios y es la esencia del cristianismo).

 

Regalamos por regalar, casi por obligación social y no por cariño. Queremos muchos regalos y regalos caros, independientemente del amor o cariño que haya puesto en ellos el que nos lo regala. Y por supuesto a la inversa, hacemos regalos por obligación y nos olvidamos de lo sustancial, regalar no es dar, es darse, es un acto de amor, de cariño independientemente de qué sea lo regalado.

 

Una llamada a ese amigo al que tengo descuidado, un perdón a esa persona con la que no me hablo desde hace tiempo, una mañana en un comedor social, y porqué no, una corbata que sé que  le va a gustar, pero no regalos para ser cambiados.

 

Hoy  me ha quedado corto, pero… es que me tengo que ir de tiendas.

 

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